jueves, 11 de febrero de 2021

Semana 47

Entro en la historia siempre por la misma puerta, 
como un bostezo disimulado en un año de rumores. 
Estoy acostada boca arriba a veinte cuadras del rio. 
Tengo que poder levantarme, me digo. 
Es igual, Buenos Aires no existe.
Qué fácil es no hacer nada, 
como una araña que trepa por una pared 
y se posa en el techo con delicadeza. 
Qué difícil es no hacer nada 
examinar mis posibilidades amordazadas por sus consecuencias.
La melancolía es repugnante 
y la ciudad me envuelve llena de muebles viejos 
de polvo 
y de olores nuevos que me dan curiosidad 
aunque soy una mujer casada, 
y ahora estoy cansada. 
Después del rio hay otra orilla que no quiero alcanzar, 
abajo la gente canta, pelea, alborota 
y me duele el cuello de sostener tantos pensamientos indispensables. 
En farsi al pasado perfecto se lo llama pasado relacional 
porque siempre hay un residuo, un resto, una ceniza que no deja de enturbiar. 
El futuro en cambio 
es la pata de un insecto que se arrastra hacia el horizonte, 
como una oración que haba del deseo 
y de la decepción, 
 a la vez. 
 Un mapa, quizás. 
Sostener.