sábado, 17 de noviembre de 2018

Dos elegías


The cloud, the stillness that must part
      The darling of my life from me
CHARLOTTE BRONTË




El poema de W.H. Auden “Blues del funeral” y el de Kay Ryan “Las cosas no tendrían que ser tan duras” son elegías o poemas líricos sobre la pérdida de un ser amado. Elegía es un término de origen griego, que fue recuperado en el Renacimiento para denominar el género al que pertenecían poemas con una temática meditativa o reflexiva sobre el paso del tiempo, la condición mortal del hombre y sobre todo la inexorabilidad de la muerte. La elegía es un lamento. Sus componentes son la pérdida, el dolor, la admiración y en última instancia el consuelo.
En sus comienzos en Grecia y luego en Roma lo que verdaderamente definía a la poesía elegíaca y le prestaba unidad como género o subgénero literario por encima de la diversidad de temas era su métrica: la combinación del hexámetro y del pentámetro dactílicos, que constituye una pequeña estrofa, típica de la elegía, llamada dístico elegíaco. Con el tiempo, muchos poemas con otros temas pasaron a llamarse elegías si utilizaban esa métrica.
Tomando a la elegía como un eje temático, en el presente podemos mencionar tres variantes: heroica, patriótica y funeral. La elegía heroica lamenta la muerte de una persona que, por los hechos de su vida o las circunstancias de su  muerte, ha merecido el reconocimiento popular. Un ejemplo de este tipo de poema es el “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca (1998: 669). En la elegía patriótica o política se lamenta una desgracia o catástrofe colectiva que afecta a todo un pueblo a un amplio grupo humano como sería el “Himno al dos de mayo” de José Espronceda (2016: 49). La elegía funeral es un poema que lamenta la muerte, pero no en general, sino una muerte concreta y, con frecuencia, aunque no siempre, real. Está dedicada e incluso dirigida apelativamente a un muerto. Los poemas de Auden y Ryan corresponden a este tipo de elegía.

La historia de “Funeral Blues”

Wystan Hugh Auden nació en York el 21 de febrero de 1907. Se educó en la Universidad de Oxford, donde se graduó en 1928. Colaboró ​​con Christopher Isherwood, a quien conoció en la universidad, y escribieron en conjunto varias obras de teatro. Sus simpatías políticas con el socialismo y el comunismo lo inspiraron a ir a España en 1937 para participar en la Guerra Civil española. En 1939, Auden e Isherwood emigraron a los Estados Unidos. Puede decirse que durante la primera etapa de su escritura fue fundamentalmente un poeta político.
En 1936 con Cristopher Isherwood escribió la obra teatral “The ascent of F6” (1986). Allí apareció la primera versión de “Stop all the clocks”, que luego se transformaría en “Funeral Blues”. Era un poema satírico dedicado a un líder político y tenía cinco estrofas. La obra relataba la historia de Michael Ransom, un escalador que, en contra de su buen juicio, acepta la oferta de la prensa y el gobierno británicos para patrocinar una expedición al pico de F6, una montaña en el límite entre una colonia británica y una colonia del país ficticio de Ostnia. Ransom muere por su prisa para completar la expedición por delante de los escaladores de Ostnia; el poema se canta en su memoria.
“The ascent of F6” está dedicada al hermano geólogo de Auden, John Bicknell Auden, que había participado en una expedición cerca de la montaña K2 del Himalaya. Auden personalmente invitó a Benjamin Britten a escribir la música para la obra y éste lo hizo en febrero de 1937, incluyendo un montaje coral de "Stop all the clocks".
Aquí la primera versión del poema:

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead,
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

Hold up your umbrellas to keep off the rain
From Doctor Williams while he opens a vein;
Life, he pronounces, it is finally extinct.
Sergeant, arrest that man who said he winked!

Shawcross will say a few words sad and kind
To the weeping crowds about the Master-mind,
While Lamp with a powerful microscope
Searches their faces for a sign of hope.

And Gunn, of course, will drive a motor-hearse:
None could drive it better, most would drive it worse.
He’ll open up the throttle to its fullest power
And drive him to the grave at ninety miles an hour

Resultan evidentes el tono irónico y la característica pública del funeral.
En 1938 Auden reformuló el poema y lo convirtió en parte de una secuencia de cuatro composiciones que se llamó “Cuatro canciones de cabaret para Miss Hedli Anderson” (1940: 75) y estaba compuesta por “Funeral Blues”, “Johnny”, “Tell Me the Truth About Love” y “Calypso”. Bejamin Britten también escribió la música en este caso y los poemas luego fueron publicados en el libro Another Time (1940), en la segunda parte titulada “Lighter Poems”. El encabezado es bueno: Auden, quien editó “The Oxford Book of Light Verse” en 1937, no nos está ofreciendo “Light Verse” sino “Lighter…”  Allí fue entonces que “Stop all the clocks” apareció con el título “Funeral Blues”. En esta versión definitiva desaparecen las tres últimas estrofas siendo sustituidas por otras dos y cambia por completo el tono del poema. Es interesantísimo como Auden toma estas dos primeras estrofas y utiliza su contenido satírico para que juegue un papel completamente diferente: vehiculizar la ironía ante el ceremonial por parte de un amante inconsolable.

Funeral Blues

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He is Dead,
Put crêpe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last for ever: I was wrong.

The stars are not wanted now: put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood;
For nothing now can ever come to any good.

El poema

“Funeral Blues” es posiblemente el poema más famoso de Auden. Fue recitado en la película “Cuatro bodas y un funeral” y en series de televisión como “Gavin and Stacy”.  Es una elegía triste y malhumorada que describe maravillosamente los sentimientos asociados con el duelo. Está lleno de giros ingeniosos y declaraciones desgarradoras y muestra la capacidad de Auden de empatizar con las emociones humanas.
En la primera estrofa el tema principal es el silencio. La idea de detener los relojes tiene dos propósitos: en primer lugar, enmudece el ruido que potencialmente producen, el tic-tac, pero lo que significa primordialmente es la interrupción del tiempo. Sin embargo, debemos consignar que "stop all the clocks" no es solamente una forma de hablar. Es, de hecho, una vieja costumbre formal en Inglaterra que surgió con la superstición de que traía mala suerte que un reloj funcionara en presencia de una persona muerta y comenzó a respetarse en los funerales, especialmente en el campo.
A esto le sigue "cortar" el teléfono; el poeta podría haber usado la palabra “disconnect”, pero “cut off” además de actuar silenciando trae la significación de  amputar, de manera que puede estar aludiendo al deudo a quien le han quitado algo de sí mismo con la muerte del amado.
Se reitera el tema del sigilo con el silenciamiento del  perro. Esto también alude a una superstición: se creía que si ladraban los perros en un funeral eso significaba que morirían más personas. Ese adjetivo “juicy” parece un poco fuera de lugar porque todavía no percibimos completamente la hipérbole, la intención irónica.
A continuación la idea del silencio se reitera con los pianos, pero aquí concluye porque se permite el batir del tambor. El "muffled drum" incluso en el presente sigue siendo una costumbre tradicional en los funerales militares y desde luego es habitual la presencia de los allegados alrededor del ataúd. Algunos críticos han visto en el tema del tambor los pasos de los deudos. Es importante notar que en esta primera estrofa los versos aluden solamente a comportamientos formales. Todavía nada transmite un dolor o tristeza personales, aunque sí percibimos que puede existir un dolor oculto detrás de esa determinación de preparar el funeral de la forma más perfecta posible.
En la segunda estrofa la hipérbole se acentúa tanto que sentimos que el narrador, después de hacer ese primer esfuerzo por un velatorio impecable, comprende que nada es suficiente y que no importa lo que se haga, el funeral nunca será adecuado para el dolor que siente. A su vez, con el avión y con los lazos de las palomas y los policías de tránsito, el duelo se traslada desde un ámbito privado a uno público. Ya no son solamente los deudos, mediante un traslado expansivo el poeta pretende que todos los ciudadanos participen de él. También pueden señalarse algunas onomatopeyas que enriquecen las innumerables imágenes sonoras: “drum” y “come” imitan los pasos y cuando dice: “Let aeroplanes circle moaning overhead” además de personificar al aeroplano creemos que realiza una onomatopeya entre el gemido “moaning” y el sonido de la avioneta.
En la tercera estrofa aparece por fin el narrador. Se devela que es el amado el que ha muerto. La hipérbole es ahora de índole metafórica. “He was my North…” Son versos muy emotivos, el amado muerto era el tiempo y el espacio, es decir todo, para el poeta. El último verso de esta estrofa es el centro de la elegía: “I thought that love would last for ever: I was wrong”. Es la aceptación desconsolada del final.
En la cuarta estrofa se suelta por completo la congoja y comprendemos que el narrador estaba haciendo una burla crítica del funeral. Ni aun las exequias más desmesuradas hubieran podido contener este dolor, que es inmenso, que lo abarca todo. Las estrellas, el sol y la luna, las luces que nos guían, ya pueden apagarse, todo lo que es terrenal puede desaparecer. En este final Auden utiliza una serie de tropos románticos: las estrellas, la luna, el sol, los océanos, y los rechaza por inútiles. ¿De qué sirven estos símbolos de amor romántico cuando ha muerto tu único amor verdadero? Pero mencionarlos tiene un doble propósito: metafórico y literal. Además de rechazar su uso poético, el escritor también dice que el mundo, de hecho el universo entero, no tienen valor, realmente si su amante no está presente. La palabra "dismantle" que usa en el segundo verso, como si el sol fuera un dispositivo mecánico que pudiera desarmarse, como un reloj, sugiere que incluso el mundo natural parece falso e irreal ante su pérdida. Como en la estrofa anterior, el poder radica en el contraste entre este catálogo de tropos poéticos en los primeros tres versos y el último, que es sorprendentemente simple y directo: “For nothing now can ever come to any good”. No hay consuelo ni esperanza posibles.


Forma y métrica

Está escrito en algo muy parecido a las “estrofas elegíacas” que son, según la Enciclopedia Británica, cuartetas en pentámetro yámbico con líneas alternas que riman. Aunque el término más antiguo y más general para esto es la estrofa heroica, la forma se asoció específicamente con la poesía elegíaca cuando Thomas Gray la utilizó en "Una elegía escrita en el patio de una iglesia rural" (1751). Desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, la forma se usó generalmente para versos elegíacos, de los cuales el ejemplo más conocido es el citado poema de Gray. “Funeral Blues" está escrito en cuartetas y utiliza pentámetro yámbico, pero es muy irregular con sílabas extra aquí y pies inestables allá. El esquema de la rima también se modifica un poco: AABB en lugar de ABAB.
Veamos cómo funciona en la primera estrofa. En el primer verso:
Stop all the clocks, cut off the telephone.
Si usamos una  'x' para la sílaba átona y con una 'o' para la sílaba tónica, el pentámetro yámbico se representaría de la siguiente forma:
x          o          x          o          x          o          x          o          x          o
Stop     all      the      clocks     cut      off      the        tel        e      phone
Un pentámetro yámbico bastante perfecto.
Pero en el segundo verso:
Prevent the dog from barking with a juicy bon
Aquí hay doce sílabas, lo que significa que estamos tratando con una línea de hexámetros yámbicos, seis yambos todos en una fila. Auden cambia el esquema, justo al comienzo del poema para hacernos saber que esta no será una elegía típica.
En el tercer verso:
Silence the pianos and with muffled drum
Aquí Auden usa un “trochee”, lo contrario de un yambo, con la sílaba tónica primero y luego la átona. Y después de esto un “anapest”, o sea tres sílabas átonas y luego una tónica.
Por último en el cuarto verso:
Bring out the coffin let the mourners come.
Volvemos al tradicional pentámetro yámbico.
¿Por qué Auden hace toda esta variación métrica? Era conocido por ser un virtuoso de la forma, así que, tal vez, solamente está experimentando. Creemos que es mucho más probable que cada elección sea deliberada. Por ejemplo, ese “trochee” en el tercer verso atrae mucha atención sobre la palabra "Silence". Prácticamente la hace resonar. O el segundo verso, que es muy largo, quizás sea porque después de detener los relojes el tiempo se ralentiza un poco.

Key Ryan


Key Ryan nació en California el 21 de septiembre de 1945. Acerca de su trabajo, se ha dicho: "Sus poemas son compactos, estimulantes, extraños, como miniaturas de Erik Satie o cajas de Joseph Cornell. Es una anomalía en la cultura literaria actual: tan intensa y elíptica como Dickinson, tan optimista y triste como Frost " (McChatchy, 2010: 190)
Sus  críticos comentan  la brevedad de sus poemas. David Orr, en “Beautiful & Pointless” (2011: 109), le dedica tres páginas y dice "Los de Ryan son los pequeños poemas más grandes” y luego habla de su "casual, aunque complejo" fraseo.
Ryan se resiste a utlizar la primera persona, y prefiere escribir poemas personales "de tal manera que nadie tenga que saberlo". En lugar de narración y biografía, usa la ironía y el humor para desentrañar la idiosincrasia del lenguaje y la desventura de la existencia humana. Le gustan los parónimos y las palabras muy utilizadas en el lenguaje cotidiano, dos dispositivos lingüísticos que muchos poetas insisten en evitar. Emplea lo que ella misma llama "rima recombinante": rimas ocultas que aparecen en el medio, en lugar de al final, de sus líneas cortas. Su inclinación por la brevedad le ha valido una reputación como poeta de "compresión", pero Ryan no está de acuerdo. Aunque dice que le gusta "exprimir cosas hasta que explotan", insiste en que "hay una sensación de aire y tranquilidad incluso en el más pequeño de mis poemas" (FAY, 2008).
El poema de Kay Ryan “Things Shouldn't Be So Hard” explora el tema de la muerte y la necesidad de dejar huella. El tono es suave e íntimo, más bien un susurro que una declaración. Algunos creen que Ryan lo escribió después de la muerte de su compañera, Carol Adair, en 2009, pero en realidad fue escrito en el 2001 y está dedicado a su madre.

El poema

A life should leave
deep tracks:
ruts where she
went out and back
to get the mail
or move the hose
around the yard;
where she used to
stand before the sink,
a worn out place;
beneath her hand,
the china knobs
rubbed down to 
white pastilles;
the switch she
used to feel for
in the dark
almost erased.
Her things should
keep her marks.
The passage
of a life should show;
it should abrade.
And when life stops,
a certain space
—however small—
should be left scarred
by the grand and
damaging parade.
Things shouldn't
be so hard.


El poema comienza con una idea: “A life should leave/ deep tracks”. Es un poema muy objetivo, en el que se nombra muy poco a la persona muerta. Lo que pide es que queden marcas de sus recorridos cotidianos. Le adjudica ese defecto, esa falta, a las cosas mismas. Tendría que haber algo de destrucción en la materia tras el paso de una vida, huellas, pero las cosas son demasiado duras.
El poema va describiendo las pequeñas actividades diarias de una mujer, repetidas, rutinarias. Son actividades dentro de una casa y esto le da un tono de gran intimidad. Como ha sobrevenido la muerte, todas estas acciones cotidianas se ven con una luz casi sagrada.
En el título la autora realiza un juego de doble significado, el literal y el figurado. Nuestro oído, acostumbrado a la queja por la dureza de la vida, toma primero el sentido figurado y al comprender que las palabras tienen otro valor, el literal, se produce un descubrimiento, una sorpresa.
Las cosas son duras, entonces,  porque tienen forma y peso; están hechas de materia palpable y muchas veces duran más tiempo que un ser humano. La autora percibe en esto una especie de injusticia. Si las cosas fueran más sensibles y porosas, habrían absorbido el espíritu de quien las manipuló día tras día y esa marca debería durar mucho tiempo después de su muerte. Entonces, ese final sería más evidente para el mundo, sería más visible y estaría físicamente presente en el mundo material: “And when life stops,/a certain space/—however small—/should be left scarred/by the grand and/damaging parade”. Un cierto espacio, aunque sea pequeño, que quede marcado. Eso es lo que el yo lírico pide del mundo exterior. Genera la impresión de que se siente muy solo en este duelo, que la desaparición de esta persona no ha dejado mella y ella quiere reparar esta injusticia que ha cometido la muerte, al no dejar cicatriz.
La autora elige palabras e imágenes que reflejan conceptos muy similares: huella, surco, cicatriz, erosión. Al mismo tiempo crea otro núcleo de connotación: pasar, borrar, frotar. Este contraste contribuye al conflicto principal entre la vida, lo que crea y la muerte, que destruye.
Todos sabemos que no hay nada más doloroso que tropezar con las cosas, los objetos, de un ser querido fallecido. La autora querría encontrar allí la presencia del ausente, sus marcas, indelebles. El poema no es solamente sobre la muerte sino sobre cada pequeño y terrible momento posterior.
También podríamos encontrar un sentido feminista en el poema ya que recuerda tareas que ejecutaba una mujer y las destaca, las pone en valor, a pesar de ser normalmente despreciadas.

Versificación y procedimientos

El poema está escrito en verso libre. Kay Ryan tiene una explicación simple de por qué no usa esquemas formales de rima o patrones métricos tradicionales. "No tengo el don para ello", dice. "Para mí, sería como usar la ropa equivocada" (DAVENPORT, 2010).
“Las cosas no tendrían que ser tan duras” tiene 31 versos, todos de una longitud muy similar. Al verlo en la página entendemos lo que quiere decir Ryan cuando se considera feliz si su poema parece "un peine negro, con dientes ligeramente irregulares" (DAVENPORT, 2010)..
Ryan es famosa por utilizar sonidos aproximadamente coincidentes en cualquier sitio del verso; llama a esta técnica "rima recombinante". Casi hasta el final del poema encontramos repetidamente dos sonidos:  /i:/ en leave, deep, she, sink, beneath, switch, feel, erased, keep, things y /a:/ en tracks, back, yard, stand, hand, rubbed, dark, marks. Esta serie cierra con el verso “The pasage…” donde comienza la conclusión y domina el sonido /ʃ/: passage, show y should que se repite cuatro veces.
Utiliza el encabalgamiento en la mayoría de los versos. Esta técnica contribuye al tono coloquial del poema, ya que las líneas se mueven libremente para reflejar el ritmo de los pensamientos del hablante. Los versos tienen entre dos y cuatro palabras cada uno y encontramos cierto ritmo de letanía, ya que las sílabas tónicas están al comienzo y al final de muchos versos. Cuando no hay sílaba tónica al final “ruts wher she” la hallamos en el comienzo del encabalgamiento “went out and back”.


Comparación

Estos dos poemas elegíacos no podrían ser más diferentes. En primer lugar el tono: en Auden es imperativo, exasperante; en Ryan es íntimo, suave. Auden utiliza la ironía y la sátira y es mediante esas hipérboles crecientes que llegamos entender el dolor del narrador. Ryan en cambio expresa un lamento que parte de una idea, una observación y luego la sigue y la clarifica, la amplía. Su posición es contemplativa, la de Auden es protagónica.
El tema del funeral, del rito, es predominante en el poema de Auden. En Ryan no se menciona, se habla de las huellas de una vida, no de su despedida.
En “Funeral blues” tenemos imágenes sonoras, visuales y sinestésicas en casi todos los versos de las dos primeras estrofas junto con onomatopeyas, en “The things…” solamente hay algunas imágenes visuales sencillas y poco detalladas. Las dos últimas estrofas de “Funeral…” utilizan gran cantidad de metáforas comparando al amado con los puntos cardinales, los sonidos, los días de la semana, etc. En cambio en “Things…” nos cuesta encontrar alguna; quizás “scars” pueda considerarse una metáfora cuando está referida a cosas inanimadas.
En “Funeral Blues” el narrador aparece plenamente en la tercera estrofa y protagoniza las dos últimas con un yo lírico perfectamente identificable. El poema de Ryan está escrito en tercera persona y no surge el yo lírico.
Auden emplea gran cantidad de enumeraciones: en la primera estrofa para indicar lo que debe ser silenciado, en la segunda todos aquellos que deberían plegarse al duelo, en la tercera enumera todas las cosas que metafóricamente era su amado para él y en la última las acciones de destrucción que desea como consecuencia del duelo. Estas enumeraciones están destacadas, separadas por signos de puntuación, lo cual le da al poema un tono insistente, de reclamo, de enojo. Ryan, por su parte, utiliza el encabalgamiento y su enumeración es mucho más suave, casi un relato, cuando describe las acciones cotidianas de la persona desaparecida.
En “Funeral…” como dijimos antes no hay lugar para el consuelo: “nothing now can ever come to any good”. “Things…” elabora en cambio toda una teoría al respecto. Si las cosas fueran más blandas y flexibles, si se adaptaran mejor, entonces en esas huellas encontraríamos consuelo.
Por último, el poema de Auden utiliza una variación de la estrofa elegíaca con rima consonante y el de Ryan está realizado en verso libre.


Bibliografía

AUDEN, Wystan Hugh, Another Time. Random House, New York, 1940.
AUDEN, Wystan Hugh e ISHERWOOD, Cristopher, The Ascento of F6: A tragedy in Tow Acts, Faber, London, 1986.
DAVENPORT, Anessa, “Kay Ryan, The best of it”, Reseña en Fanzine, 2010. Disponible en: http://thefanzine.com/kay-ryan-the-best-of-it
ESPRONCEDA, José, Poesía, Romances y Sonetos, CreateSpace Independent Publishing Platform, 2016.
FAY, Sarah, “Kay Ryan, the art of poetry”, Reportaje en Paris Review Nº 94, 2008. Disponible en: https://www.theparisreview.org/interviews/5889/kay-ryan-the-art-of-poetry-no-94-kay-ryan
GARCIA LORCA, Federico, Obras selectas, Espasa-Calpe, Madrid, 1998.
Mc.CLATCHY, J.D., The Best American Poetry, New York, 2010.
ORR, David, Beautifull and Pointless, a guide for modern poetry, HarperCollins, New York, 2012.



miércoles, 14 de noviembre de 2018

Los libros




Los libros no tienen hambre no
preparan la cena
no se les olvida el pan
no les importa si
perdieron la solapa izquierda no se preocupan
si se les dobló una hoja en una
esquina y la marca no salió
nunca más.
Antes de morir los libros no
se arrepienten
de nada.
Lo que hacen los libros es hablar
sin descanso
no a vos ni al atardecer ni
al pueblo 
sino en vano
cada uno
y cualquiera.
Tienen algo que decir y
lo dicen sin descanso,
ellos cantan
susurran aunque la
tormenta no para
y el viento gira
en  todo.


viernes, 9 de noviembre de 2018

Sobre "Los leones rondaban la casa" de Marosa di Giorgio



El poema "Los leones rondaban la casa" de Marosa di Giorgio Medici cuenta una historia, pero la historia no sucede en un tiempo sino en un espacio. Dice José Lezama Lima “Un mito es una imagen participada y una imagen es un mito que comienza su aventura que se particulariza para irradiar de nuevo”. Comienza con una acción, un verbo en tercera persona en pretérito imperfecto, una acción continua en el pasado: Los leones rondaban la casa. Esta imagen de los leones caminando en los límites de la casa va a generar el mito: Los leones siempre rondaron./ Siempre se dijo que los leones rondaron siempre. “Siempre se dijo”, el tiempo impersonal del mito, de la leyenda.

Estos leones son el “correlativo objetivo” del poema: los leones que siempre rondaron, que entraron a la casa, que están “acá”. El peligro progresa, lo que creíamos afuera de la casa, está en la casa. Afuera y adentro.
Suceden cosas entre las mujeres y los leones, siempre en un tono alucinatorio. No se manifiestan sentimientos subjetivos, sino afectos impersonales. Los hechos que ocurren no terminan de entregar su secreto, y los testigos son un pronombre personal que anda por un borde roto (nosotros/as) y no puede hacer nada con respecto a estos hechos, ni huir de ellos ni detenerlos o alterarlos.
¿Se pone en cuestión el sujeto en este poema? ¿Hay aquí revuelta íntima? Yo creo que sí. Se expresa a través de, como diría Kristeva, una organización de su pulsación “en un orden no ya simbólico sino semiótico”. Explora justamente aquello que socava la unidad de la ley, la unidad del ser y de la identidad que es lo que Kristeva relaciona con la experiencia del goce. “La permanencia de la contradicción, (…) la puesta en evidencia de todo cuanto pone a prueba la posibilidad misma del sentido unitario (…) eso es lo que explora esta cultura re-vuelta.”
Es esta mutación en la relación con el sentido la que se expresa en versos como: Los leones eran al mismo tiempo presentes e invisibles, al/ mismo tiempo, visibles e invisibles.
Marosa cuestiona aquí también la oposición humanidad/animalidad. Los leones tienen actitudes propias de lo humano: roban y fingen: Se oía el rumor de la leche que robaban (...) Y la comieron fríamente. Como en un simulacro. La abuela, por su parte los trae a la casa, expresa la necesidad de aceptarlos: Los leones rondaron siempre. Están delante/de los paraísos y el rosal. Dijo: --Los leones están acá.  Se cuestiona en el poema la humanidad en los límites que ha construido para mantenerse separada de la animalidad. Giorgio Agamben dice:  “La división de la vida en vegetal y de relación, orgánica y animal, animal y humana pasa por el interior del viviente hombre como una frontera móvil; y sin esta íntima censura, probablemente no sea posible la decisión misma sobre lo que es humano y lo que no lo es”.   Marosa intenta desarmar esta censura.
Pero no solamente los animales se humanizan, también las cosas; “Se oía el rumor de la leche que robaban, el clamor de la miel/y la carne que cortaban”. En esta imagen sinestésica oímos el sufrimiento de las cosas que “claman”. El sujeto perceptor está por todas partes en este espacio mítico y siente en su cuerpo la sombra de los leones (presentes e invisibles) el dolor de las cosas que se esconden y claman y la presencia de la muerte que no llega a realizarse (los sudarios, el simulacro de devoración).
 El sujeto poético se construye en relación con su objeto y con el lenguaje. El sujeto que habla en el poema de Marosa es opaco. Hay un “nosotr@s” tácito que se expresa en un solo verso: Corrimos a esconder los floreros de sal (…) Allí creemos verla a ella, a Marosa, la que registra el suceso, pero se esconde, no la encontramos más que como una sombra moviéndose en la casa del lenguaje. Ese sujeto escondido parece impotente para alterar las circunstancias, pero no contempla impasible lo que pasa sino que se sorprende y se asusta.
Hay una abuela, de modo que podríamos creer que habla una niña o quizás habla una adulta que recuerda su niñez. Pero ninguna de estas posibilidades conviene realmente al poema. La enunciación evocatoria no se limita al recuerdo de un pasado remoto y perdido. La voz es a la vez adulta e infantil y también algo más, misterioso. La que esconde la colección de estampillas podría ser una niña, pero la que trae los sudarios parece adulta. La niña quizás ve los leones bellos con ojos como perlas, pero la que los describe al mismo tiempo presentes e invisibles se nos presenta adulta. Pienso que la aparición de una voz (la niña) ha sido saboteada por otra voz (la adulta) que aparece, y de ese estallido resulta una pluralidad, un descontrol.
Según Käte Hamburguer “el yo lírico es un sujeto enunciativo” de una especie particular, es decir un sujeto enunciativo lírico. Todo sujeto que enuncia se refiere a un objeto, en el caso de la relación sujeto-objeto lírica nos encontramos con relaciones particulares de este tipo de enunciación. El objeto principal del poema de Marosa son los leones, que incluso están en el título, pero está claro que no son leones comunes o “verdaderos leones”. Lo que ha sucedido es que “los enunciados han sido expulsados de la esfera del objeto y arrastrados al interior de la del sujeto (…) hacia un sentido que el yo lírico quiere expresar en ellos”. Por eso los leones eran sucios y dorados (…) con un broche brillante en el pecho y al mismo tiempo presentes e invisibles. ¿Son entonces los leones símbolos? Según Hamburguer serían símbolos en la medida en que son aprehendidos por el yo lírico y se metamorfosean en estados de ánimos, simbólicos para ese yo.

Los leones rondaban la casa

Los leones siempre rondaron.
Siempre se dijo que los leones rondaron siempre.
Parecían salir de los paraísos y el rosal.
Los leones eran sucios y dorados.
Ellos eran muy bellos.
Los ojos como perlas. Y un broche brillante en el pecho
entre aquel pelo áureo.
Los leones entraron a la casa.
Corrimos a esconder los floreros de sal, de azúcar, el cometa
Halley, las queridísmas sábanas nevadas, la colección
de estampillas. Y a traer los sudarios.
Los leones eran al mismo tiempo, presentes e invisibles. al
mismo tiempo, visibles e invisibles.
Se oía el rumor de la leche que robaban, el clamor de la miel
y la carne que cortaban.
Llevaron hacia afuera a la abuela oscura, la que tenía una
guía de rositas alrededor del corazón.
Y la comieron fríamente. Como en un simulacro.
Y --¡como si hubiese sido un simulacro!-- ella tornó a la
casa y dijo: --Los leones rondaron siempre. Están delante
de los paraísos y el rosal. Dijo: --Los leones están acá.




miércoles, 7 de noviembre de 2018

Todos mis marineros




Mis amigos abandonaron el barco. Hace horas. Las ratas
           escapan ahora en pequeños 
botes salvavidas grises, sus colas anulares cambian la marea, sus ojos plateados.
            deletrean el  flujo. 

El violinista toca el otoño de Vivaldi, nenúfares en el 
           campo del mar. 

Lo que siempre quise saber: pararme 
           junto a la popa y, 
con coraje, dejar ir. El 

amor venenoso se extiende como un mazo de fotografías, memoria sin sangre, 
           un ancla alzada, 
deshecha. La línea que se rompe cuando llega la tormenta, la verdad que los 
           marineros saben:
Cielos rojos, 
una mala señal. Para navegar, se debe saber a dónde se va, con un 
           gráfico exacto, 
fijado con puntos suspensivos, pequeñas chinches de colores. Accidentes, tifones, las estacas filosas de los 
           monstruos marinos, las puntas de diamante, los 

milagros que han cambiado de rumbo, los pasajes tallados en los nuevos 
           mundos, donde 
surgen los marineros. En la espuma blanca, las 

páginas vienen como gaviotas planas en la cresta de las olas, el encaprichamiento a la deriva, 
           como una ciencia del caos, 

aparecen escozores del hielo, fantasmas intermitentes, para recordarme 
           que el amor es espectral, 
imprevisto. 

Los rápidos fueron turbulentos hacia el corredor asiático, navegando hacia 
           Lachine.  O China, un país ordinario, después de todo. 
Raras y frágiles, las cosas estimadas desde una gran distancia, 

protegidas en la plataforma de hielo. 

Toco esta porcelana de borde a tallo, y siento sus flores elevadas, 
           traídas desde el fondo de la memoria.
A pesar del peligro, los marineros han adornado las velas 


fuertes, tontos, ágiles, me sacan del naufragio.



sábado, 3 de noviembre de 2018

El chiste de la violación

Por Patricia Lockwood
(Traducción mía, inédito en español)


El chiste de la violación es que vos tenés 19 años.
El chiste de la violación es que era tu novio.
El chiste de la violación es que tenía una barbita candado. Una barbita candado.
Imagínense al chiste de la violación en el espejo, reflejándose y tratando de parecer más un chiste de una violación. “Ahhhh”, piensa. “Eso. Sí. Una barbita candado”
Sin ofender.
El chiste de la violación es que él tenía siete años más. El chiste de la violación es que lo conocías hacía muchos años, desde que eras demasiado chica para interesarle. Te gustaba esa palabra INTERESARLE, como si fueras un concepto que alguien querría desesperadamente adquirir, asimilar, y después escupir de diferentes maneras a través de la boca enmarcada en la barbita candado.
Después, de pronto, eras más grande, pero no demasiado grande, para nada.
El chiste de la violación es que habías tomado vino con naranja. ¡Vino con naranja! ¿Quién toma vino con naranja? La gente que quiere ser violada, de acuerdo con el chiste de la violación.
El chiste de la violación es que él era un patovica, un tipo que echaba gente para ganarse la vida.
El chiste de la violación es que él llevaba un cuchillo y quería mostrártelo y le daba vueltas y vueltas en la mano como si fuera un libro.
No te estaba amenazando, por supuesto. Es que le gustaba mucho ese cuchillo.
El chiste de la violación es que una vez casi había matado a un tipo tirándolo a través de una vidriera. Al día siguiente te contó que estaba temblando, lo que tomaste como una evidencia de su sensibilidad.
¿Cómo un concepto puede ser estúpido? Pero vos eras estúpida.
El chiste de la violación es que a veces te invitaba a una cita y te llevaba a lo de su mejor amigo Cacho y te hacía mirar videos de lucha libre mientras todos se drogaban.
El chiste de la violación es que su mejor amigo se llamaba Cacho.
El chiste de la violación es que llamaba a la lucha libre “una telenovela para hombres”. A los hombres también les gusta el drama, te aseguraba.
El chiste de la violación es que en su biblioteca tenía libros acerca de asesinos seriales. Te pareció que eso era porque le interesaba la historia, y por eso le regalaste “Mi siglo” de Gunter Grass y él nunca intentó leerlo.
Se pone más divertido.
El chiste de la violación es que él escribía un diario. Me pregunto si escribió algo sobre la violación.
El chiste de la violación es que lo leíste una vez, y hablaba sobre otra chica. La llamaba Miss Geografía, y decía que ya “no tenía urgencias cuando la miraba”, desde que te había conocido. ¡Por un pelo, Miss Geografía!
El chiste de la violación es que había sido estudiante de tu papá en la secundaria —tu papá enseñaba religión. Lo ayudaste a limpiar el aula a fin de año y él te dejó llevarte los libros más arruinados.
El chiste de la violación es que te conoció cuando tenías 12 años. Una vez ayudó a tu familia a mudarse y manejaste desde Cincinnati a St. Louis con él, solos los dos, y fue amable con vos, y conversaron todo el camino. Masticó chicle todo el tiempo y le dijiste que te daba asco y se rió y lo escupió a través de su barbita candado en una botella de Mountain Dew.
El chiste de la violación es que VAMOS, deberías haberlo visto venir. Este chiste de la violación prácticamente se escribe solo.
El chiste de la violación es que estabas boca abajo. El chiste de la violación es que tenías puesta una gargantilla verde que tu hermana te había hecho. Más tarde cortaste esa gargantilla en pedazos. Sentías el colchón de una manera específica y tu boca se sentía de una manera específica contra él, como si estuvieras hablando, pero no estabas hablando. Como si tu boca estuviera abierta durante diez años, hacia el futuro, siempre recitando un poema llamado El chiste de la violación.
El chiste de la violación es que ese momento es siempre diferente, se pone más horrible y también más habitable y acomoda tu necesidad de escapar cada vez más profundamente dentro de él.
Como el cuerpo, que más que una forma concreta es una capacidad.
Sabés que tu cuerpo es elástico, que puede aguantar mucho y que se cura rápido.
El chiste de la violación es que por supuesto había sangre, porque en los seres humanos está muy cerca de la superficie.
El chiste de la violación es que te fuiste a tu casa como si no pasara nada, y te reíste del asunto al otro día y al otro, y cuando le contabas a la gente te reías, y eso era el chiste de la violación.
Fue un año antes de que le contaras a tus padres, porque él era como un hijo para ellos. El chiste de la violación es que cuando le contaste a tu padre, él hizo el signo de la cruz y dijo: “Te absuelvo de tus pecados, en el nombre de Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo” lo cual a pesar de ser tan malintencionado también fue muy dulce.
El chiste de la violación es que te volviste loca durante los siguientes cinco años, y te mudaste a otra ciudad, y te mudaste a otro estado, y pasaste días enteros en el pozo pensando por qué había pasado. Como si fueras a mirar tu patio y de pronto ya no está ahí, y en cambio estás mirando el centro de la tierra, en donde se representa el mismo acto rojo perpetuamente.
El chiste de la violación es que después de un tiempo ya no estabas loca, pero por un pelo, Miss Geografía.
El chiste de la violación es que durante los siguientes cinco años lo único que hiciste fue escribir, y nunca sobre vos, sino sobre manzanas en los árboles, islas, poetas muertos y los gusanos que se los comen, y no había cuerpo desde el cual escribir porque se había ido a otro lugar.
El chiste de la violación es que al final es simple. El chiste de la violación es que no escribís con simpleza.
El chiste de la violación es que escribís un poema llamado El chiste de la violación, y estás pidiendo que eso sea la única cosa que la gente recuerde de vos.
El chiste de la violación es que le preguntaste por qué lo hizo. El chiste de la violación es que contestó que no sabía, y ¿qué otra cosa puede decir el chiste de la violación? El chiste de la violación dijo que VOS eras la que estaba borracha, y el chiste de la violación dijo que te acordabas mal, lo que te hizo reír muy fuerte durante un largo segundo abierto y dividido. El vino con naranja no era tinto, pero hubiera sido más divertido para el chiste de la violación si lo hubiera sido. Era blanco con Fanta naranja y lo tomaste sin hacer preguntas y confiando con el corazón de Cincinnati, Ohio.
¿Pueden ser divertidos los chistes de la violación?, esa es la pregunta.
¿Puede alguna parte del chiste de la violación ser divertida? La parte en que termina —jaja, es un chiste. A pesar de todo, soñaste con matar al chiste de la violación durante años, soltando toda su sangre y contando todo.
El chiste de la violación grita para ser contado.
El chiste de la violación es sobre cómo pasó.
El chiste de la violación es que al día siguiente te regaló un oso de peluche. Dijo que lo sentía y te regaló un osito de peluche. Vamos, eso es un poco gracioso.
Admitámoslo.