viernes, 22 de noviembre de 2019

Poleas y vísperas


Todo lo que conocemos se mueve
hacia la servidumbre.  
Busco un signo-ábside
a mi alrededor. Los días
bélicos
las  noches entrelazadas  
tan agriamente se transpira
no se acaba inagotable.
Yo estrofizo el desorden
su insistencia se transforma
en arco y altar.






Cuando él
el marinero sin litoral se tambalea
parece que
apenas
puede mantener la herida en los
pies y palidece
el cuello se le vuelve irritable
cree que nos hemos saciado
debe decir
poleas y vísperas
con voz susurrante húmedo oído
han de venir con regocijo.
Es una reunión de avivamiento que él dirige
y el mundo surge a sus pies
resistir dice debemos
resistir todo lo que es
vil lo que haya
caído bajo un hechizo
posiblemente atormentado
dice que deberíamos injuriar
todas las cosas por igual
miedo a la lluvia
miedo al agua
solo moho
en el púlpito se balancea se 
ve desconcertado
como si fuera un caballo
tímido por los golpes
busca algo que rompa
los bordes atrevidos  
de la luz donde se esparce
y deforma en azul
todo lo que podamos desear
hasta el final
lo proveerá
nuestro lisiado 
sordomudito
nuestro marinero señor
eieieio.

viernes, 26 de julio de 2019

¿Hay cultura latinoamericana?


Crear la historia con los detritos mismos de la historia
Walter Bejamin

La pregunta sobre la existencia de la cultura latinoamericana es, en realidad, una pregunta por la identidad. Las producciones culturales de todos y cada uno de los países de la América hispana son evidentes e innegables, pero esas producciones ¿están unidas por algún lazo invisible y tenaz?, ¿existe alguna marca, alguna esencia que las diferencie de otras y que permita hermanarlas? ¿O somos una simple copia, una “emanación de Europa” como decía Bolívar?
José Martí, escritor cubano nacido en 1853, va a proponer en su ensayo “Nuestra América” el concepto del mestizaje como ese atributo específico de lo latinoamericano. Dice al respecto Roberto Fernández Retamar: “Existe en el mundo colonial, en el planeta, un caso especial: una vasta zona para la cual el mestizaje no es el accidente, sino la esencia, la línea central” (1974, 9). Ese mestizaje es pensado por Martí, tanto en su aspecto físico como espiritual y cultural, como un lugar donde la identidad latinoamericana consigue incluir la permanencia de las tradiciones y modos de vida de los pueblos autóctonos. Sin embargo, esta idea va mucho más allá de una reivindicación de estos pueblos, el mestizaje funciona aquí como una síntesis que imposibilitaría la grieta: “No hay odio de razas, porque no hay razas” (Martí 2000, 211). Todos somos mestizos.



Como vamos a ver luego reformulado en otros autores, la idea de Martí no es la de rechazar lo europeo sino la de “apropiárselo” y mestizarlo, condensarlo, para lograr lo americano: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas” (2000, 206). Este injerto funciona como un proceso creativo; los elementos ajenos tienen que devenir propios. No es de ningún modo lo mismo ser influenciados o imitar que apropiarse: “Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación” (2000, 209), y luego: “(los hombres nuevos americanos) leen para aplicar, pero no para copiar (…) Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena (…) La prosa, centelleante, va cargada de ideas. Los gobernadores en las repúblicas de indios, aprenden indio” (2000, 210).
Sin embargo, el hombre americano tiene una dificultad insoslayable: sus instrumentos para conocer, para nombrar, son ajenos, han sido impuestos por la colonización. Para lograr una forma propia, primero tiene que haber una conciencia que cree, que sintetice, una realidad americana: “No hay letras que son expresión, hasta que no hay esencia que expresar en ellas. Ni habrá literatura hispanoamericana hasta que no haya Hispanoamérica. (…) Lamentémonos ahora de que la gran obra nos falte, no porque nos falte ella, sino porque ésa es señal de que nos falta aún el pueblo magno de que ha de ser reflejo” (2011, 164). Siendo una obra escrita en 1891, “Nuestra América”, más que una reflexión o una respuesta sobre la identidad de la cultura hispanoamericana, es un programa político para alcanzar tal identidad.
José Carlos Mariátegui, escritor peruano nacido en 1894, escribió “Heterodoxia de la tradición” en 1927. Mariátegui va a oponer el concepto “tradición” al de “tradicionalista” y va a caracterizar a la tradición como “viva y móvil”. “Hablo, claro está de la tradición entendida como patrimonio y continuidad histórica” (1988, 161). Para Mariátegui la historia y el pasado se encuentran condensados en la expresión del presente, por eso: “la facultad de pensar en la historia y la facultad de hacerla o crearla, se identifican (…) Quien no puede imaginar el futuro, tampoco puede, por lo general, imaginar el pasado” (1988, 164). La tradición, en el sentido enfático que le da Mariátegui, se reinventa permanentemente a través de la incorporación para las luchas de su  “espíritu” y su “sangre”, y no de los dogmas de la historia cultural momificada.
En el último de los “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, “El proceso de la literatura”, Mariátegui ve al Perú como una nacionalidad en formación, en la cual el “Proceso de la literatura” cumpliría un papel fundamental.  Al tomar esta posición contradice al marxismo dogmático de su época concibiendo la elaboración de una historia de la literatura como un trabajo lleno de implicaciones políticas: “La unidad de la cultura europea, mantenida durante el Medioevo por el latín y el Papado, se rompió a causa de la corriente nacionalista, que tuvo una de sus expresiones en la individualización nacional de las literaturas. El ‘nacionalismo’ en la historiografía literaria, es por tanto un fenómeno de la más pura raigambre política” (2013,145). La necesidad de hacer una nueva historia de la literatura es la necesidad de encontrarse con la tradición viva y móvil, ya que la historia oficial no incluye todos los elementos: “La flaqueza, la anemia, la flacidez de nuestra literatura colonial y colonialista provienen de su falta de raíces. (…) El arte tiene necesidad de alimentarse de la savia de una tradición, de una historia, de un pueblo. Y en el Perú la literatura no ha brotado de la tradición, de la historia, del pueblo indígena. Nació de una importación de literatura española; se nutrió luego de la imitación de la misma literatura. Un enfermo cordón umbilical la ha mantenido unida a la metrópoli” (2013, 148). Para Mariátegui el aporte del indigenismo, o sea los autores que escriben sobre el pasado indígena es fundamental: “el indigenismo literario traduce un estado de ánimo, un estado de conciencia del Perú nuevo” (2013, 204). Mariátegui postula que a través de la inclusión del indigenismo a la práctica literaria podría por fin romperse la visión monolítica del colonialismo y verse el carácter multiétnico y multicultural del Perú real, el de la tradición viva y móvil.
Al igual que Martí, Mariátegui cree que la cultura latinoamericana está en construcción: “Me parece evidente la existencia de un pensamiento francés, de un pensamiento alemán, etc., en la cultura de Occidente. No me parece igualmente evidente, en el mismo sentido, la existencia de un pensamiento hispano-americano. Todos los pensadores de nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción intelectual del continente carece de rasgos propios. El espíritu hispanoamericano está en elaboración” (2017, 73).
Oswald de Andrade, escritor brasileño nacido en 1890, escribió el “Manifiesto Antropofágo” en 1928. Este texto declamativo y poético se inspira en el rito de algunos grupos originarios del Brasil de comerse al enemigo para incorporar sus virtudes. En el manifiesto, de Andrade hace la crítica del Estado, la sociedad patriarcal, el moralismo, la estética y las creencias; la crítica de todo lo heredado de Europa: “Contra las catequesis. Y contra la madre de los Gracos (..) Contra todos los importadores de conciencia enlatada (…) Contra el padre Vieira. Autor de nuestro primer préstamo para ganar su comisión (…) Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas” (1928, 1-3). Opone a estos conceptos “cadaverizados” una figura: la del indio.
Rechaza al “Indio vestido de senador del Imperio. Fingiendo que era Pitt. O figurando en las óperas de Alencar lleno de buenos sentimientos portugueses” (1928, 3) porque “Queremos la Revolución Caraiba. Más grande que la Revolución Francesa. La unificación de todas las revueltas eficaces en la dirección del hombre” (1928, 2). Se trata de pasar violentamente de un paradigma a otro y de ahí la necesidad del acto vanguardista: del indio que está subordinado al Estado-Padre al indio que moviliza la sociedad contra el Estado.
En su ataque a la “civilización” utiliza la sátira y el humor intercambiando los lugares de la cultura dominante y dominada: “Tupí or not tupí that is the question” y  “sin nosotros, Europa ni siquiera tendría su pobre declaración de los derechos del hombre” (1928, 2). Así de Andrade postula la presencia activa del indio en la historia europea e intenta desmontar los supuestos “universales” que esa historia nos vende. Los universales de la Revolución Francesa no son lo suficientemente universales, no llegan a reconocer al otro, aunque sin ese otro (sin el descubrimiento de América) ese proceso de emancipación nunca se hubiera producido.
El objetivo es cuestionar la tradición dada, buscar lo propio en esa materia que se resiste a ser eliminada, esa dimensión loca y pujante que se revela y se rebelafrente a la racionalización dominadora y patriarcal: “El espíritu se rehúsa a concebir el espíritu sin el cuerpo. El antropomorfismo. Necesidad de la vacuna antropófaga. Para el equilibrio contra las religiones del meridiano. Y las inquisiciones exteriores” (1928, 2)

Mestizaje, apropiación, antropofagia. Todas posiciones que, al mismo tiempo, rechazan y unen. Se trata de un modo de leer la realidad, de un estilo en la acción emancipadora, de una particular relación con el poder. La tradición ya no está quieta, el pasado cambia a medida que lo hace el presente. El mismo manifiesto antropófago comienza hablando de lo que une y no de lo que separa, aunque lo que une sea la devoración del otro. Buscamos la cultura de la “patria grande” aunque sepamos que no la encontraremos y, precisamente, porque sabemos que nunca dejaremos de buscar. Con los “detritos” de la historia cultural, usando una dialéctica solamente nuestra, vamos creando una historia nueva que nunca quedará terminada.

Bibliografía

Martí, José. José Martí y el equilibrio del mundo. México DF: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Mariátegui, Juan Carlos. Peruanicemos al Perú. Lima: Empresa Editora Amauta, 1988.
--. Temas de Nuestra América. Tomo 12. Lima: Biblioteca Amauta, 2013. Disponible en Internet: http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/mariategui_jc/s/Tomo12.pdf
-- Obras. Barcelona: Ed. Lingkua Digital, 2017. Disponible en Internet: https://books.google.com.ar/books?id=b9TuIpY1Rj8C&pg=PA73&lpg=PA73&dq=#v=onepage&q&f=false
de Andrade, Oswald. Manifiesto Antropófago. Revista de Antropofagia, Año 1, No1, 1928. 

Monte






Ni para atrás 
ni para adelante
en enero
en la ruta.
Papá fuma
comisuras abajo
mamá se calla
y yo pienso en matar
a mi hermana de una vez.
No importan la inflación y López Rega
acá estamos en el 75
y nadie pregunta
qué nos impide avanzar.

Lágrimas de aceite en la laguna sucia
barro tibio
algo sin disolver
algo queriendo flotar.
La próxima vez
prometimos
será el mar
la próxima vez.
Una inmensidad salada
aire limpio
horizontes para gritar y entender.
Atrás está la laguna pantanosa,
como un mal sueño,
demasiado lejos para que importe.

sábado, 26 de enero de 2019

El sueño de Sor Juana


Vuestra Reverencia quiere que me salve ignorando:
Pues amado Padre mío, ¿no puede esta hacerse sabiendo?
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ, “CARTA A SU CONFESOR”




                Sor Juana Inés de la Cruz escribe su obra El sueño en el año 1690, a los treinta y nueve años de edad, en la cumbre de la evolución de su pensamiento, cinco años antes de su muerte y en el inicio del quinquenio en el que lo perdería todo. Se trata del mismo año en que Sor Juana compone “Crisis de un sermón” por pedido del obispo de Puebla, Don Manuel Fernández de Santa Cruz, una crítica al “Sermón del Mandato” del padre jesuita Antonio Vieyra de 1650, en el marco de una disputa política con el arzobispo Aguiar y Seijas, quien era gran admirador de Vieyra. Fernández publica el texto sin autorización de Sor Juana, con el nombre de “Carta Atenagórica”,  pero se ocupa de limpiar su nombre, pues la acompaña de una respuesta, que firma como Sor Filotea, y que contiene un llamado de atención a la monja, a la que le reprocha entre otras cosas su excesiva curiosidad e interés en asuntos profanos. Sor Juana ya había recibido estas críticas, particularmente de su confesor, el Padre Antonio Nuñez de Miranda. La acción del obispo deja a Sor Juana en una posición muy delicada pero no duda en reaccionar con la “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, fechada el primero de marzo de 1691. En este texto la escritora demuestra firmeza al defender sus convicciones intelectuales y entre otros conceptos expresa que sólo Dios puede juzgarla y que su inclinación al conocimiento proviene del impulso divino.
                Existen diferentes versiones de lo que sucedió después, la que encontramos más creíble es la que dice que el 2 de abril de 1693 el provisor eclesiástico del arzobispado, Antonio de Aunzibay y Anaya, inició lo que de hecho fue un proceso episcopal secreto contra Sor Juana, acusada de diversas culpas: sospecha de herejía, desacato a la autoridad y actividades incompatibles con su estado monacal (TRABULSE, 1995: 31). El proceso culminó con una sentencia rigurosa que obligaba a la monja a abjurar de sus errores, a confesarse culpable, a desagraviar a la Purísima Concepción, a no publicar más y a ceder su biblioteca y sus bienes al arzobispo Aguiar y Seijas, lo que equivalía además a la anulación expresa de testamento. Los documentos de la abjuración, las dos protestas de fe y la Petición Causídica de 1694 fueron firmadas con sangre. Después de que la hubieran silenciado para siempre, no resulta extraño que Sor Juana muriera al poco tiempo, en abril de 1695.
                En las producciones textuales mencionadas, producidas en el quinquenio 90/95, el yo de la autora, así como sus modelos de intervención, toman diferentes formas: velado, transparente y enmascarado. Velado en “El Sueño”, apareciendo solamente en los versos  617, “de esta serie seguir mi entendimiento”; 690, “el Hombre digo, en fin, mayor portento” y el verso final 975, “el Mundo iluminado, y yo despierta” (subrayados míos).  Transparente en “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, por ejemplo: “Así, yo, Señora mía, sólo responderé que no sé qué responder” (2018, 36). Enmascarado en las protestas de fe que se vio obligada a escribir.
                El poema apareció en el segundo y último tomo de sus obras completas, editadas en 1692 en Sevilla, con el nombre de “Primero Sueño” y con un epígrafe que decía: “que así intituló y compuso la madre Juana Inés de la Cruz imitando a Góngora”. Esta alusión a la “Soledad Primera” es un movimiento de adscripción y legitimación del poema, que se coloca  así a la sombra del texto de Góngora.  Es una silva de 975 versos. Esta métrica que se utilizaba habitualmente en la poesía barroca en poemas lírico-descriptivos, reflexivos, narrativos y didácticos es una combinación de heptasílabos y endecasílabos, de rima consonante libre, con versos no rimados y sin división en estrofas. El Padre Calleja, primer biógrafo de Sor Juana, hace el siguiente resumen: “Siendo de noche, me dormí. Soñé que de una vez quería comprehender todas las cosas de que el Universo se compone. No pude, ni aun divisas por sus categorías, ni aun solo un individuo. Desengañada, amaneció y desperté” (1996, 23).
              En el texto podemos encontrar diversas series temáticas que se encadenan bajo la ficción del sueño: mitológica, filosófica, teológica, fisiológica, físico-astronómica y jurídico-política.  En la serie mitológica el poema trae a colación personajes que tienen en común, casi todos ellos, el haber sido castigados por su atrevimiento o su desobediencia. En la serie filosófica se ocupa de las vicisitudes del alma en busca el saber y se refiere a los pensamientos de Platón y Aristóteles y junto con ellos a los neoplatónicos y tomistas. Encontramos también una serie teológica que refiere, en diferentes zonas del poema, al apocalipsis, a Evangelio de San Juan y a la Torre de Babel. Cuando comenta los procesos del dormir y el despertar hay una serie fisiológica que menciona los humores sin nombrarlos (serían la sangre, la melancolía, la flema y la cólera), el quilo, el corazón “vital volante”, el pulmón “imán del viento”, el estómago “científica oficina”, etc. Hay también una serie físico-astronómica, en la que se ocupa de los cuerpos celestes y sus movimientos. Todas las series confluyen en  la político-jurídica que refiere a los accesos o vías hacia el saber, sus riesgos y castigos, pero también alude a un mundo sin jerarquías donde equipara a todos: el rey, el campesino e incluso el Papa y llega a una teoría del buen gobierno.
                Se ha insistido en leer al poema como la historia del fracaso de un intento de saber. Roberto Echevarren dice: “El sueño es apoteosis y derrota” (2014, 155) y Arias de la Canal: “consciente de su fracaso metafisico, se resigna humildemente al ‘ignoramos e ignoraremos’ por la vía racional el ser del Cosmos” (1998, 47). Sin embargo en las numerosas referencias de la serie mitológica del poema, Sor Juana levanta un panteón de mitos profanos subversivos, que no son otra cosa que figuras de la audacia: Nictimene, las Mineidas, el Ascáfalo, Alcione, Acteón, Dedalo, Icaro y Faetón. La monja desarrolla una trama alegórica de la temeridad y el desafío y sus personajes se refugian en la noche pero solamente para poder mostrar su cualidad transgresora.  Del mismo modo que a los audaces se los ha confinado a la noche, es la protección de esa oscuridad y del soñar la que parece permitir al poema pensar de manera transgresora, y la llegada del día no solamente no traerá el escarmiento sino que nos dejará problematizando la naturaleza misma del castigo. Lo que da lugar a este tipo de interpretaciones es que Primero Sueño es un texto alegórico y oscuro. El conocimiento no es visto como culminación o epifanía, sino que es identificado con un tránsito, con un  viaje intelectual. Ese conocimiento no busca el triunfo definitivo sobre el saber del mundo sino que se constituye como primer eslabón de una praxis cognitiva que atraviesa los límites del poder.
                Nictímene, Ícaro y Faetón vienen a complejizar y hasta a negar la posibilidad de una lectura meramente punitiva del impulso intelectual osado. Dice Sor Juana sobre la primera: “la avergonzada Nictímene acecha/ de las sagradas puertas los resquicios/ o de las claraboyas eminentes/ los huecos más propicios / que capaz a su intento le abren brecha / y sacrílega llega a los lucientes/ faroles sacros de perenne llama/ que extingue sino infama/ el licor claro, la materia crasa/ consumiendo, que el árbol de Minerva/ de su fruto, de prensas agravado/ congojoso sudó y rindió forzado.”(vv. 27-38) La hija de Nicteo es sigilosa y es sacrílega, pero consigue llegar hasta la luz, hasta los faroles de que son alimentados nada menos que por el aceite del olivo, el árbol de Minerva, la diosa de la sabiduría.
                Por su parte Ícaro es víctima de un castigo, que al mismo tiempo que es ejemplar es famoso, tanto que nombra al mismo mar donde cae: mar de Icaria. Este doble valor le servirá a Sor Juana más adelante en el texto para establecer relaciones entre escarmiento, fama y deseo de imitación. Así, la osadía revela su faz útil o provechosa, porque la fama que gana genera en su público una voluntad de emulación. El adjetivo que culmina los versos dedicados a Ícaro: “(necia experiencia que costosa tanto/ fue, que Icaro ya, su propio llanto/ lo anegó enternecido)” (vv. 466-68, subrayado mío), indica que Ícaro, y metonímicamente su público, no están indignados por la desobediencia o satisfechos del castigo, sino que sienten empatía, ternura y compasión.
                El modelo definitivo del poema es Faetón. Sobre él dice Sor Juana: “y al ejemplar osado/ del claro joven la atención volvía/ —auriga altivo del ardiente carro—,/ y el, si infeliz, bizarro/ alto impulso, el espíritu encendía” (vv. 785-89) La simpatía es evidente: el impuso es alto, el joven es claro, el espíritu se enciende.  Continúa luego: “—más que el temor ejemplos de escarmiento—/ abiertas sendas al atrevimiento,/ que una vez trilladas, no hay castigo/ que intento baste a remover segundo/ segunda ambición, digo,” (vv. 791-95). Este trillar, estas sendas, están indicando claramente que la osadía, que la audacia abren caminos, que no traen temor al escarmiento sino que muestran la senda a seguir en ese mismo atrevimiento. Los castigados son entonces mártires. Son figuras ejemplares que permiten iluminar la ruta. Sor Juana  resalta la ejemplaridad de la acción intelectual infractora: “Ni el panteón profundo/ —cerúlea tumba a su infeliz ceniza—,/ ni el vengativo rayo fulminante/ mueve, por más que avisa,/ al ánimo arrogante/ que, el vivir despreciando, determina/ su nombre eternizar en su ruina,” (vv. 796-802). Ese eternizarse no es entonces tanto condena como fama.  El “ejemplar pernicioso” no engendrará censura, sino “alas a repetido vuelo,” y se puede deducir que conseguirá en sus seguidores perjudicar a la misma política represiva del escarmiento. Así triunfa en su derrota esta ambición cognitiva que: “del mismo terror haciendo halago/que al valor lisonjea—/las glorias deletrea/ en los caracteres del estrago”. (vv. 803-10).
                Esta perspectiva se completa cuando la divulgación induce la posibilidad de una imitación; lo que debería ser “vergüenza pública” se convierte en “fama gloriosa,” que puede producir la emulación futura. El develamiento de un acto, inconcebible antes de la transgresión inaugural, lo hace posible, lo hace materia de circulación pública y, como tal, modelo de acción: “que del mayor delito la malicia/ peligra en la noticia,/ contagio dilatado trascendiendo;/ porque singular culpa solo siendo,/ dejara más remota a lo ignorado/ su ejecución, que no a lo escarmentado.” (vv. 821-26). Es entonces que la dualidad éxito-fracaso se vuelve líricamente secundaria y se desprecia el resultado para destacar la pasión de saber, la verdadera virtud que continuará pugnando por abrir nuevas fronteras al conocimiento.

 Bibliografía

ARIAS DE LA CANAL, Fredo (1998). Las fuentes profanas de Primero sueño y otros ensayos sorjuanistas, Ciudad de México, Frente de Afirmación Hispanista.

CALLEJA, Diego (1996). Vida de Sor Juana, Ciudad de Mexico, Instituto Mexiquense de Cultura.
DE LA CRUZ, Juana Inés  (2014). "El sueño", en El sueño, Amazon libros.
DE LA CRUZ, Juana Inés (2018). Carta Atenagórica y Respuesta a Sor Filotea, Barcelona, Red Ediciones SL.
ECHEVARREN, Roberto (2014). "El sueño: una lectura" en De la Cruz, Juana Inés, El sueño, Amazon libros.
TRABULSE, Elías (1995). Los años finales de sor Juana: una interpretación (1688-1695), Ciudad de México, Centro de Estudios de Historia de México Condumex.

Simetrías




Las primeras penas crean el molde
como un bebé nautilus
construyen
el modelo opalescente.
                                    
Mi tortuga. Su pequeña vida eterna
ahora en el  hueco
excavado con una cuchara del cajón de la cocina,  
por donde la
tristeza me traga.
Las diminutas garras
contra mi palma
las piernas rechonchas.
Por la cúpula panal
la cabeza escamada nunca volverá
a salir.
Delicia de
la primera vez, cuando vi las cuerdas
debajo de la piel plisada
y las mandíbulas en miniatura 

se abrieron.

Los dolores más nuevos crecen
su forma se mantiene.
Las grandes angustias ya vienen. 
Sus bocas se abren más
y más, crean
la estructura para abergar
la pérdida,
criaturas marinas dentro de un universo
de perlas en espiral.

Llevá esa apertura
hasta tu oído y escuchá
los palacios vacíos.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Pinos





Del lado del revés
soy el reflejo de un bosque
dentro de un lago oscuro.

Tengo sombras de pinos adentro
en la memoria tengo una hilera de pinos
que se hunden y tiemblan.

Esto no es a lo que vine
pero mis pinos mudos
nadan hacia el fondo y
no me resisto.

Abajo alguien cuenta algo elemental
que yo quiero saber.

Oberlin House según John Cage



"[...] ser un animal blanco, en el invierno, cuando está nevando, entonces subirse a un árbol, sabiendo que tus pasos son cubiertos por la nieve nueva, ¡de manera que nadie sabe dónde estás! [...] Ese es uno de los ideales.
Otro ideal es encontrar... ¡el vacío! Buscar el buey y, habiéndolo encontrado,
darse cuenta de que en realidad no has encontrado nada."
  
JOHN CAGE

Wright’s Oberlin House Restored by E. Johnson
           you were right
            not to include
            the detail
            of the
            piano.

            house
            itself
            is musical:
            sound of the
            wind. 





El poema  “Wright’s Oberlin House Restored by E. Johnson”, forma parte del libro “Empty Words” del artista John Cage. En este texto de los años setenta Cage opera en el lenguaje una transición hacia la música y al mismo tiempo aplica en la música una conversión hacia el lenguaje. “Empty Words” es texto y puntuación, así como disposición visual de los signos. La operación de escritura o reescritura fue realizada sobre la base de los textos de Henry David Thoreau sometidos a un procedimiento azaroso de selección mediante la tirada del “I Ching”, el libro-oráculo chino de los hexagramas. Está compuesto por cuatro partes o “conferencias”. En la primera se eliminan las oraciones. En la segunda, las frases. La tercera contiene sólo sílabas y letras y, la parte final, solamente letras. Dentro de estas conferencias están intercalados los mesósticos. En su “Declaración autobiográfica”, Cage los describe de este modo: “Fue en el ático de Edwin Denby[1], en la calle 21, que escribí mi primer mesóstico. Se trataba de un párrafo en el que las letras de su título se reproducían en mayúsculas en el cuerpo del texto. Desde entonces los he escrito como poemas, con las mayúsculas bajando por el medio, para celebrar cualquier cosa, apoyar cualquier cosa, para responder preguntas, para iniciar mi pensamiento en el no pensamiento. (…) Descubrí que una línea horizontal que determina cambios gráficos tiene que convertirse en una línea vertical en la notación musical. Tiempo en lugar de espacio” (Cage 1989). “Wright’s Oberlin House Restored by E. Johnson” es uno de esos mesósticos, el último de la tercera parte (Cage 1979, 98)
Tal como se expresa en el título, el poema se refiere a una casa construida por el arquitecto Frank Lloyd Wright, o sea a una obra artística. Por esta razón creemos que se trata de una pequeña écfrasis[2] y, al mismo tiempo, de un tributo peculiar porque no está dirigido a su creador sino a su curadora, a su conservadora, a la persona que rescató a esta obra, la revivió y la habitó durante años, es decir Ellen Johnson.
No es casual que John Cage haya elegido una obra de este artista ya que comparten, entre otras muchas cosas, una concepción del espacio. Wright, en su arquitectura, desarrolló y diseñó espacios definidos, pero no cerrados sino unidos entre sí para que la luz atravesara la construcción. Es algo que puede compararse con lo que Cage hace en su mesóstico, en el que las letras del nombre ELLEN atraviesan verticalmente la poesía dos veces, una por cada estrofa.
En el poema hay un viaje de ida y vuelta de la imagen al sonido. Los procedimientos que Cage utiliza relacionan las artes y en ocasiones las transforman en una sola. Es lo que César Aira llamaría un “sistema edénico de las artes”. Cuando Aira habla de Cage dice lo siguiente: “Que ‘la poesía sea hecha por todos, no por uno’[3] significa también que ese uno, cuando se ponga en acción, hará todas las artes, no una. El procedimiento establece una comunicación entre las artes, y yo diría que es la huella de un sistema edénico de las artes, en el que todas formaban una sola, y el artista era el hombre sin cualidades profesionales especiales. Por lo mismo, hablar de John Cage en este punto no es traer un ejemplo. No es un ejemplo sino la cosa en sí de la que estoy hablando” (Aira 1998, 167).
La primera imagen es la de la casa, que aparece al nombrarla en el título. El nombre del poema está construido con palabras llenas: “Wright’s Oberlin House Restored by E. Johnson”. Encontramos cinco sustantivos —cuatro de los cuales son propios, únicos—, un verbo y solamente una preposición. Al pronunciar esas siete palabras, las implicaciones culturales que conllevan empiezan a reverberar por todas partes y producen miles de reflejos. “Wright”: Frank Lloyd Wright, el arquitecto de los materiales inacabados y la relación con el entorno natural, de la transparencia visual y las sensaciones abiertas, el discípulo Zen. “Oberlin”: La ciudad del condado de Lorain en Ohio, USA, al suroeste de Cleveland, donde se encuentra la Universidad de Oberlin, de artes y música, donde estudió Thorton Wilder[4]. “House”: el centro del sintagma y el sentido de la frase: una casa. “Restored”: el verbo en su forma adjetiva, porque lo que va a ser importante ahora, en el momento del poema, es una propiedad de esta casa: que ha sido restaurada, conservada aunque levemente cambiada, y en esta acción restauradora que reposa sobre la casa también hay arte. “E. Johnson”: Ellen Johnson, la curadora del museo de arte Allen, organizadora de la exposición de Oberlin, la primera en mostrar las pinturas a rayas negras de Frank Stella[5]. Fue también la compradora de la casa de los Weltzheimer, diseñada por Frank Lloyd Wright en Oberlin, dedicó una parte considerable de su tiempo y dinero a restaurarla y vivió allí el resto de su vida, y en esta acción también hubo amor, arte y seguramente amor al arte.
Ezra Pound define a la logopea como: “la danza del intelecto entre las palabras” y agrega: “(el poeta) emplea palabras no sólo por su significado directo, sino que toma en cuenta en una forma especial la manera en que se acostumbra usarlas, el contexto que esperamos encontrar con la palabra, sus concomitancias usuales, sus acepciones conocidas (…) La logopea no se puede traducir; aunque la actitud mental que expresa puede pasar de un idioma a otro mediante la paráfrasis. O sea, no se puede traducir ‘localmente’” (1978, 40-41).  Creemos que este es exactamente el caso del título de nuestro poema de Cage.  Las referencias culturales de cada una de estas palabras llenas son tan numerosas que establecen un contexto solo completamente comprensible para alguien que lo comparta “localmente”, a pesar de que se pueden rastrear estas implicaciones y podemos acercarnos lo suficiente para hacernos una idea de su espesor.
El texto, las dos pequeñas estrofas que vienen a continuación, es muy breve. En la primera de ellas dice: “you were right/ not to include/ the detail/ of the/ piano”. Hay un juego de palabras con el nombre Wright y el adjetivo right, de manera que puede entenderse que E. Johnson “era Wright” mismo, en ese momento. Desde el punto de vista de la fanopea, “la proyección de imágenes sobre la imaginación visual” (Pound 1978, 40), aquí hay una imagen visual que se define por la ausencia: vemos que no está el piano. Muy del gusto de Cage, que amaba los blancos y los silencios, comenzar por describir lo que no está, el hueco que ha dejado. Sin embargo, dice “you were right/not to include” (it): Tenías razón en no incluir (lo). De esta manera resalta esa acción de quitar algo, ese vacío, como hecho artístico. También lo llama “the detail/ of the/ piano”, “el detalle/ del/ piano”. Se trata, entonces, de algo muy pequeño, un detalle, pero que va a configurar lo importante de esa experiencia de Cage en la casa de Oberlin. Algo que no estaba ahí, y era mejor de ese modo. En la segunda estrofa encontramos: “house/ itself/ is musical/ sound of the/ wind”. Pasamos a una imagen completamente auditiva, que compone, al mismo tiempo una sinécdoque, el piano ha sido reemplazado por la casa entera; ella es el verdadero instrumento musical. Y luego las palabras “sonido/ del viento” que completan la experiencia imaginariamente audible. Hace un paralelismo entre “detalle del piano” y “sonido del viento”: “detail of the piano” y “sound of the wind” (como en inglés no existe esta contracción, las dos palabras gramaticales que separan los sustantivos, “of the”, adquieren mayor relevancia que nuestro “del”). Este paralelismo nos permite confrontar las dos posibilidades musicales que brindaba la casa y terminar de comprender el sentido de la palabra “detalle”. Entonces vemos la pequeñez del piano en comparación con “sonido del viento”, esa entidad tan vívida, tan colmada de belleza y fuerza.
Tenemos dos estrofas con dos imágenes, una visual, de vacío, de recorte, y otra auditiva, de la casa como caja de resonancia del viento. Es un acceso directo a la experiencia de la casa, como objeto vivido, visto y oído. Podríamos decir que  estas dos imágenes son como ideogramas chinos, si consideramos a éstos “imágenes taquigráficas de acciones o procesos” (Fenollosa/Pound 2001, 35). Según estos autores el ideograma elimina las cortinas de humo del silogismo, de la lógica: permite un acceso directo al objeto. En los poemas chinos dos o más palabras ideogramáticas, dos o más bloques de ideas, puestos en presencia simultánea, precipitan un juego de relaciones que nos muestra el objeto con una intensidad y una inmediatez que el discurso lógico no sería capaz de evocar. Creemos que eso es lo que hace aquí Cage: con estas dos imágenes interactuando entre sí, nos presenta la casa como objeto vivo e inmediatamente perceptible.
Esta inmediatez también se transmite por la disposición visual del poema, que, como habíamos mencionado, es un mesóstico, o sea un acróstico realizado en la mitad de las palabras. Se puede leer horizontal y verticalmente. 

Wright’s Oberlin House Restored by E. Johnson

       you wEre right
  not to incLude
   the detaiL
          of thE
            piaNo.

          housE
             itseLf
   is musicaL:
sound of thE
               wiNd.

            A esta línea vertical que forma el mesóstico, Cage la llamaba “cuerda”. Las cuerdas no se oyen cuando el poema es leído en voz alta, por lo tanto son, fundamentalmente, visuales. En torno a ella se distribuyen las palabras del verso. La disposición por sí misma es un acercamiento visual a la obra y permite que cada palabra encuentre un sitio con un peso propio; pensamos que este peso pasa a cada fonema cuando se trata de las palabras que contienen el mesóstico. Décio Pignatari decía que las relaciones entre las palabras se vuelven más claras en el espacio: “Contrastes y semejanzas, ausencias y presencias. Y distancias, longitudes de las palabras, formas de las letras y sonidos - todo está en saber jugar con esos elementos en el espacio-tiempo” (2006, 59). Aquí ocurre algo de eso: al mirar el poema de un solo golpe aparecen resaltados los sustantivos que están solos: piano, house y wind que son los que estructuran su sentido.
Si analizamos sus aspectos sonoros y musicales o “melopoea”, en los términos de Ezra Pound, encontramos que la entonación del poema es fluida y de tono bajo. Son versos muy cortos y la sílaba tónica cae al final en la primera estrofa y al comienzo en la segunda. Esto hace que la primera parte resulte más pesada, más declamativa y que la segunda se vuelva etérea y suspensiva.  Hay varias rimas internas: “the – the” en los versos 3 y 4: “house - itself - musical” en 6,7 y 8 y “sound y wind” en los versos 9 y 10. Encontramos las “l”, sonidos líquidos laterales que son producidos cuando la lengua se aproxima a un punto de articulación dentro de la boca pero no se acerca lo suficiente para obstruir el flujo de aire. Las cuatro eles de las dos Ellen del mesóstico van a brindarle al poema una sonoridad líquida que lo pausa y le da una calidad melódica. Por otra parte esas ‘s’ que abundan hacia el final parecieran indicar justamente el sonido del viento y las palabras sound y wind transmiten un vibración similar a la de la tormenta contra los vidrios. Creemos que Cage utiliza una técnica de sampleo, o sea de imitación de objetos sonoros no musicales a los que consideraba más interesantes que los armónicos: “En donde quiera que estemos, lo que más escuchamos es ruido. Cuando lo ignoramos nos molesta. Cuando lo escuchamos, lo encontramos fascinante” (Cage 2002, 55).
            Si quisiéramos comparar este poema sería interesante hacerlo con un haiku, “estos universos que tienen una regularidad, nos cuentan un cuento extraño, nos mecen con su pretendido anómalo ritornelo, y llegan a un lugar” (Carrera 2013, 6-7).  Cage apreciaba en el haiku la multiplicidad de significados, posible a través de su sintaxis ambigua. En el texto “Variaciones sobre un haiku de Bashō” (2000), analiza este poema de Matsuo Bashō[6] que, traducido a sustantivos, diría: Pino hongo/ Ignorancia hoja del árbol/ Adherencia. Su amigo Toshi lchiyanagi[7] le entregó esta versión: El hongo ignora/ que adherido a él/ hay una hoja. Por su parte, Cage propuso: Lo desconocido/ une/ hongo y hoja. Y finalmente: ¿Qué hongo?/ ¿Qué hoja?
En el siguiente haiku del poeta Ranko[8]: “En toda la tarde un ruido/el de la caída/ de las flores blancas de la camelia” (Carrera 2013, 12) encontramos una imagen auditiva de gran fuerza que está basada, como la de Cage, casi completamente en el silencio. La cantidad de sílabas es similar. En los dos poemas el sonido es presentado en forma impersonal, nadie y todos escuchan: “La casa es/ por sí sola/ musical/ sonido del/ viento” Existe en ambos esa conciencia de orden metafísico de que, aunque el lugar esté vacío, el sonido y el silencio igualmente lo habitarían.

Hay una cita de César Aira que resume el espíritu artístico concebido como construcción e intervención que animaba a John Cage: “San Agustín dijo que sólo Dios conoce el mundo, porque él lo hizo. Nosotros no, porque no lo hicimos. El arte entonces sería el intento de llegar al conocimiento a través de la construcción del objeto a conocer; ese objeto no es otro que el mundo. El mundo entendido como un lenguaje. No se trata entonces de conocer sino de actuar. Y creo que lo más sano de las vanguardias, de las que Cage es epítome, es devolver al primer plano la acción, no importa si parece frenética, lúdica, sin dirección, desinteresada de los resultados. Tiene que desinteresarse de los resultados, para seguir siendo acción.” (1998, 168)









Bibliografía:

Aira, Cesar. La nueva escritura, 1998. Disponible en:

                 . Silencio. Ardora Ediciones, Madrid, 2002.
                . Empty Words, Wesleyan University Press, Middeltown, 1979.
                . Variaciones sobre un Haiku de Basho, 2000. Disponible en:

Carrera, Arturo, Haikus de las cuatro estaciones. Editorial Interzona, Buenos Aires, 2013.

Fenollosa, Ernest y Pound, Ezra, El carácter de la escritura china como medio poético. Editorial Visor,  Madrid, 2001

Pignatari, Décio, O que é comunicaçao poética. Ateliê Editorial, San Pablo, 2006.

Pound, Ezra, El arte de la poesía. Editorial Joaquín Mortiz, México D.F, 1978.


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[1] Edwin Denby fue un crítico de danza y poeta norteamericano, famoso por su traducción de la obra “El sombrero de paja italiano” de Eugene Labiche and Marc-Michel.

[2] La écfrasis es la representación verbal de una representación visual. Umberto Eco considera que “cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis”.
[3] Se refiere a la célebre frase de Isidore Lucien Ducasse, Conde de Lautréamont, que figura en sus “Cantos de Maldoror”

[4] Thorton Wilder fue un dramaturgo y novelista estadounidense, quien escribió “El puente de San Luis Rey” y “Los idus de marzo” entre obras obras.
[5] Frank Stella es un pintor y grabador estadounidense, reconocido por su trabajo en las áreas del minimalismo y de la abstracción pospictórica.
[6] Matsuo Bashō fue el poeta más famoso del período Edo en Japón. Es considerado uno de los cuatro maestros del haiku.

[7] Toshi Ichiyanagui es un compositor de música avant-garde que estudió con John Cage y estuvo casado con Yoko Ono de 1956 a 1963.

[8] Ranko, poeta y médico nacido en 1726 en Japón. Compiló los trabajos de Matsuo Bashō.